Estará en la sección Tokio.
Capítulo 1
J Respiró hondo para coger un poco de ese aire enrarecido a causa de la polución, al salir del gigantesco y estresante aeropuerto Internacional de Haneda, Tokio. Un sonriente taxista con guantes blancos y gorra le hacía señas moviendo la mano de un lado a otro y hacía el fue J, el taxista le arranco prácticamente las maletas de las manos y las metió en el maletero del vehículo, le hizo una reverencia con la sonrisa aun en la boca y se subió al taxi, para llevar a su nuevo cliente allá donde el le pidiera. J estiró la mano para abrir la puerta trasera derecha y entrar en el taxi, pero antes de que sus manos llegaran a ella la puerta se abrió sola suavemente permitiendo que J entrara sin tener que realizar el gran esfuerzo físico de tener que abrirla el mismo. J se sentó y se dio la vuelta para cerrar la puerta, pero cuando se quiso dar cuenta también se había cerrado sola. “¿Magia? ¡No, es Japón!” Murmuró J para si mismo.
-Konichiwa. dijo el taxista mientras le clavaba a J la vista por el retrovisor.
J hizo lo propio, y el taxista le dijo algo que el no logro entender, pero supuso que el taxista le pedía el destino al que se dirigía. J sabía un japonés muy básico, y por lo tanto no sabía decir puede llevarme a tal sitio, así que sacó un mapa, lo paso entre los dos asientos delanteros y se lo puso delante de la cara al taxista señalándole la prefectura de Shinjuku mientras decía “Hotel Park Hyatt Tokio” el taxista contesto “Hai” y J apartó el mapa de la cara del taxista. El taxista arrancó al tiempo que hacía que se encendieran tres de las cuatro pantallas que estaban en medio del salpicadero, el GPS, el de las tarifas, y uno con muchísimas letras que J no sabía y supuso que nunca sabría para que era. El taxista señalo a la pantalla apagada mientras repetía una y otra vez “TV, TV” al tiempo que ponía en marcha el taxi, J se dio cuenta de que le estaba ofreciendo ver la televisión, y se dio cuenta también de que en la puerta había un mando para poder elegir que quería ver. J después de tocar varios botones, logro encender la tele con ese mando que tenia tantos botones que perfectamente podría usarse para poner en orbita un cohete, se paró en uno de esos programas-concurso japoneses en los que no entiendes lo que dicen, pero no hace falta, por que lo que importa y lo gracioso en ellos son las putadas que les hacen a los pobres concursantes. El taxista empezó a soltar una larga parrafada mientras movía la mano derecha frenéticamente a un lado y a otro, J supuso que le estaba haciendo de guía explicándole la historia de un edificio y otro, pero J no sabía que historia podía ocultar una autopista. Y los rascacielos de Tokio se veían en la lejanía así que no le prestó interés al taxista y siguió sumido en la programación japonesa.
En un momento dado, le entraron ganas de bajar la ventanilla para que le diera un poco el aire en la cara, pero cuando giro la vista a la puerta que tenía a su derecha, hubo algo que vio y que no le encajaba en todo aquello ¡Había un taxi a su lado! Esto no tendría nada de impactante, si no fuera por el echo de que el taxi en el que el iba circulaba por el carril de la derecha. Inmediatamente se corrigió no era otro taxi era ¡Su taxi! (bueno no suyo, en el que iba) Y también se dio cuenta, de que el taxi estaba reflejado en un impoluto y acristalado edificio, que era capaz de reflejar en sus ventanas el taxi y la cara de tonto que se le había quedado.
¡”Pero que hago yo reflejado en las ventanas de un rascacielos”! Se preguntó para si mismo. Al instante y cuando pasaron ese edificio para verse reflejado en otro aún mas grande, pudo darse cuenta de que la autopista no iba a ras de suelo, era una autopista elevada y estaba viendo su reflejo en los cristales puede que de un sexto piso “Esta ciudad es increíble” Murmuró. El taxista interrumpió sus pensamientos, para señalar un letrero encima de la autopista con un Kanji y justo debajo unas letras que decían Shinjuku. Iba a entrar en pleno centro de Shinjuku y allí vería con sus propios ojos, por qué dicen muchos que Japón es un mundo aparte, que no te pueden transmitir con palabras hasta que se está en el.